Frase célebre

El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir.

José Saramago

Discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura

  • Vida

Detrás de la cita

El Nobel que comenzó con un campesino analfabeto y una despedida nocturna de los árboles de su huerto

Saramago pronunció estas palabras al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1998. El hombre era su abuelo materno, Jerónimo Melrinho, pastor de cerdos y narrador oral. El escritor no lo elevó como figura abstracta: recordó escenas concretas de una infancia campesina en Azinhaga.

El episodio más memorable del discurso ocurre cuando Jerónimo, enfermo y consciente de que no volvería, salió al huerto para abrazar y despedirse de los árboles uno por uno. Saramago convirtió ese gesto privado en entrada a la ceremonia literaria más prestigiosa del mundo.

Jerónimo sabía leer estaciones, animales, trabajo y vínculos, pero no podía acceder directamente a la tradición escrita. Saramago evita romantizar esa carencia al mismo tiempo que reconoce un conocimiento encarnado que las credenciales no garantizan.

La escena invita a ampliar nuestra idea de inteligencia sin reducir la importancia de la educación. Una sociedad justa debe ofrecer libros a todos y, a la vez, aprender a escuchar saberes que no llegan en lenguaje académico. La sabiduría aparece cuando conocimiento, memoria y cuidado orientan una vida.

Discurso consultado: Culturamas, discurso de José Saramago al recoger el Nobel de 1998.

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