Frase célebre
El pueblo nunca juzga con ecuanimidad lo digno y lo indigno, porque suele estar dominado por la simpatía o por el odio.
Pro Plancio
- Sociedad
Detrás de la cita
La observación de un abogado romano sobre el modo en que los afectos colectivos desplazan la evaluación de méritos
La frase procede de Pro Plancio, discurso con el que Cicerón defendió a Cneo Plancio de una acusación de corrupción electoral. El orador hablaba dentro de una estrategia judicial: necesitaba explicar por qué el favor popular no seguía siempre una clasificación objetiva de méritos.
En la República romana, las elecciones combinaban prestigio familiar, favores, alianzas y campañas personales. Cicerón conocía ese sistema desde dentro. Su diagnóstico sobre simpatía y odio no es una teoría democrática neutral, sino la herramienta de un político que intenta persuadir a jueces concretos.
La frase sigue siendo reconocible porque solemos evaluar con más indulgencia a quien sentimos cercano. Una misma conducta cambia de nombre según la realice aliado o adversario. La simpatía convierte el error en excepción; el odio convierte cualquier excepción en esencia.
Para acercarse a un juicio justo conviene invertir los protagonistas: ¿pensaría lo mismo si lo hubiera hecho la persona contraria? Esa prueba no elimina el sesgo, pero lo hace visible. Las instituciones añaden reglas, pruebas y derecho de defensa para que el veredicto no dependa solo del ánimo del momento.
Texto clásico consultado: Zenda, referencia y comentario del pasaje de Cicerón en Pro Plancio.